Y Coca-Cola se hizo del Atleti…

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Lo han vuelto a hacer: Coca-Cola ha dado nuevamente en el clavo. Me refiero a la publicidad obviamente, no a su campaña de despidos y cierres de plantas, que son un suicidio desde el punto de vista del marketing, por no hablar del drama humano que conllevan.

El último ‘spot’ de la marca de bebidas no ha dejado indiferente a nadie. La clave de su éxito radica en contar una historia sencilla y bastante creíble o lo que es lo mismo: unir el amor y el fútbol, dos elementos que nunca fallan.

El argumento es simple: un chaval se arma de valor para hablar de hombre a hombre (de hijo a padre) y en vez de cervezas pues con unas coca-colas para facilitar que fluyan las palabras.

El chico le dice a su padre, con cierto titubeo inicial, que lamentándolo mucho tiene que informarle de que ya es mayor para tomar sus propias decisiones y aunque desde que nació le hicieron el carné de un equipo de fútbol sin preguntarle –como suele suceder con la religión– ha decidido cambiarse. Vamos que ha visto por sí mismo la luz: el Atleti.

El padre al principio queda perplejo viendo arruinada una tradición familiar, casi en sus ojos se ve que percibe el peligro de la existencia de su propia estirpe, pero al ver que una joven balón en mano invita a su hijo a jugar, retoma la tranquilidad: lo único que es rojiblanco es su corazón.

El anuncio, no apto para diabéticos, ha generado polémica. Algunos han hallado un motivo más para boicotear a Coca-Cola, por atreverse a publicitar al equipo de moda: el Atlético de Madrid. Incluso hay colchoneros –amén de otros hinchas– a los que no les ha gustado, ya que cuestionan que alguien cambie de colores por unas faldas (aunque la muchacha luce en realidad unos vaqueros). Que conste que el ‘spot’ no es de la Sra. Rushmore, que firma (entre otros) los anuncios del club con los hinchas más entregados, sufridos y felices de Madrid.

Sea como sea al igual que el amor, Coca-Cola y sus anuncios siempre triunfan. ¿Pero es la primera vez que la marca acude al fútbol como hilo argumental de sus spots? Pues no.

Hace unos años hicieron un homenaje a la generación de los 80, aquellos que ya somos percibidos como “señores” y que sobrevivimos a los vaqueros nevados, a las vacaciones en coche a Alicante y con solo dos canales de televisión. ¿Y el giño al fútbol? Pues vimos jugar a Maradona y a Gordillo, casi nada.

Lo dicho, una joya de la publicidad, capaz de evocar nuestros recuerdos más íntimos y entre trago y trago evidenciar que somos grandes y representantes de la mejor generación.

El amor adolescente también ha servido de argumento a otros ‘spots’ de Coca-Cola. Por si alguien no lo recuerda o no lo vio aquí os lo dejo. Recrea la tremebunda historia de una chavala que se lía contándole a su madre el motivo por el que volverá tarde a casa. La respuesta de la madre ante la pregunta del padre de “quién era” tras colgar el teléfono lo dice todo, y es que ellos nos conocen hasta la médula y aunque no lo creamos hablan nuestro mismo idioma, aunque les digamos que vamos a trasnochar estudiando: “La niña, que se ha enamorado”.

Y finalizo este ‘post’ con otra oda al amor. Esta vez el de una madre abnegada que después de todo el trabajo que realiza en casa aún tiene fuerzas para buscar un empleo, pero es rechazada una vez y otra también por la falta de referencias. Si a este anuncio, que ya tiene de por sí suficientes elementos para compungirnos, le unimos el contexto de crisis y desempleo galopante actual –por más que el gobierno y una buena parte de los medios de comunicación se empeñen en hacernos creer otra cosa–, se convierte en una oda a las madres y a los hijos que en el fondo saben valorarlas.

Como el amor de madre y Coca-Cola haciendo anuncios, no hay igual.

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